11 de septiembre de 2008

La política en la mira


Bernardo Beltrán
Un proyecto que suscribieron laicos tucumanos, se basa en la suposición de que el compromiso político es una expresión cualificada y exigente del empeño cristiano al servicio de los demás. Estos laicos pretenden buscar el bien común con espíritu de servicio, desarrollar la justicia con una atención particular a las situaciones de pobreza y sufrimiento, respetar la autonomía de las realidades terrenas. Además se propusieron respetar el principio de subsidiariedad, la promoción del diálogo y de la paz en el horizonte de la solidaridad, pues sostienen que éstas son las orientaciones que deben inspirar la acción política de los cristianos. Todos los creyentes católicos, según ellos, en cuanto titulares de derechos y deberes cívicos, están obligados a respetar estas orientaciones.

En noviembre de 2006, un grupo de laicos tucumanos vinculados a la actividad política decidió autoconvocarse para conformar "Laicos en Política".
Dicho proyecto se sustenta en la idea que el compromiso político es una expresión cualificada y exigente del empeño cristiano al servicio de los demás. La búsqueda del bien común con espíritu de servicio; el desarrollo de la justicia con atención particular a las situaciones de pobreza y sufrimiento; el respeto de la autonomía de las realidades terrenas; el principio de subsidiariedad; la promoción del diálogo y de la paz en el horizonte de la solidaridad: éstas son las orientaciones que deben inspirar la acción política de los cristianos laicos. Todos los creyentes, en cuanto titulares de derechos y deberes cívicos, están obligados a respetar estas orientaciones.
Este emprendimiento no pretende ser la base de un partido político católico, puesto que participan personas que hicieron distintas opciones dentro de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, como lúcidamente señalaba Pablo VI en la Carta Apostólica 'Octogesima adveniens', cuando al referirse a la actividad política expresaba que "una misma fe cristiana puede conducir a compromisos diferentes".
Entre sus principales objetivos está la intención de desarrollar un espacio común, democrático, respetuoso de las personas y sus ideas, abierto a discutir las problemáticas que aquejan a nuestra sociedad y que quiere promover la participación ciudadana de una manera comprometida y responsable.
Reconociendo que la actividad política sufre del descrédito generalizado de la sociedad, se pone especial énfasis en la coherencia y el testimonio que debe reflejar la acción del laico inserto en las cuestiones públicas.
Ir generando espacios de formación política desde la óptica de la Doctrina Social de la Iglesia es una inquietud central del Grupo, en este sentido viene realizando reuniones mensuales destinadas a analizar la Carta Democrática de Tucumán, documento concebido por el Foro Plural por la Democracia, con la intención de sentar las bases de una concertación política amplia y pluralista, que logre consensuar un macro-acuerdo fundamental hacia una reforma ético-política para la provincia.
Debe destacarse que en el Encuentro de Participación Ciudadana, realizado en San Miguel de Tucumán, el pasado 11 de agosto, bajo la organización del Consejo de Laicos de la Arquidiócesis, el espacio destinado a Laicos en Política fue uno de los más convocante, reflejando la demanda que expresa la comunidad de un accionar político impregnado de valores y compromiso.
Los integrantes de este grupo quieren subrayar que "ésta no es una convocatoria ni religiosa, ni política; no pretende ni catequizar ni hacer proselitismo "católico". Está impulsada, sí, por laicos católicos, pero está dirigida a "todos los hombres de buena voluntad", que entiendan, como enseña el filósofo Emmanuel Levinas, que la política y la santidad son vocaciones universales y laicas. La justicia, dice el filósofo, es el corazón de la política; y hacer justicia es santificar la acción, santificándose en la acción política. Y la santidad es hacerme responsable infinitamente por el otro. El amor al prójimo es una no indiferencia fundamental ante el otro; es responder de la vida y de la muerte del otro".
Es interesante analizar el cuestionario que se plantean en el documento que elaboraron denominado "Carta Política abierta a todo hombre de buena voluntad: Tuve hambre y me distes de comer: Política y Santidad", donde se interrogan sobre: "¿Qué nos pide Dios hoy en Tucumán al Grupo de Laicos en Política? Nos pide que seamos santos; nada más, nada menos. La segunda pregunta es ¿cómo ser santos haciendo política? La respuesta evangélica siempre es simple: tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; era forastero y me hospedaste; estaba desnudo y me vestiste; estaba enfermo y me visitaste; estaba preso y me viniste a ver… Las palabras del Evangelio de Mateo 25 resumen la agenda política del católico: lo que hacen con cada uno de estos pequeños a mí me lo hacen, dice Cristo."
El equipo coordinador del Grupo está formado por: Bernardo Beltrán, Pablo Berarducci, Dora Bianco, Eduardo De Zavalía, Juan Carlos Hourcade, Eduardo Joya, Domingo Padilla, Betty Paz, Teresa Hernández de Ramayo, Lalo Ruiz Pesce.

Carta Democrática de Tucumán: principios
1.Principio de la dignidad de la persona humana y de sus derechos fundamentales: Todo ordenamiento jurídico y político ha de partir del reconocimiento del valor santo de la vida y de la dignidad del ser humano entendido como persona; y respetar, concomitantemente, los derechos fundamentales inherentes a ella.
2.Principios de la verdad y de la libertad, o de la ética política: Este principio establece como norma última del derecho público tanto la transparencia y la publicidad de las acciones políticas, así como la libertad de expresión, garantía de la vida democrática.
3.Principio del bien común, o de la opción preferencial por los pobres y de la destinación universal de los bienes: El efectivo compromiso por el bien común se verifica en la promoción y defensa de los miembros más débiles y desprotegidos de la comunidad, garantizando la justicia social, la igualdad de oportunidades y la justa distribución de las riquezas; condiciones éstas sin las cuales no se puede dar cumplimiento al imperativo político fundamental de la destinación universal de los bienes.
4.Principio de solidaridad o amistad cívica para la justicia y la paz: La solidaridad o amistad política es el nombre actual de la justicia y de la fraternidad. Y el orden justo de la sociedad y del Estado es la tarea principal de la política. Pero, por sí sola, la justicia no basta; junto a ella, han de acompañarla la solidaridad y el amor, como vías privilegiadas hacia la paz.
5.Principio de subsidiariedad, o de la promoción social y económica: Todas las sociedades de orden superior deben ponerse en una actitud de ayuda respecto de las menores. Sólo el principio de subsidiariedad salvaguarda la dignidad de las personas, y preserva a los pueblos de ser neutralizados por totalitarismos anárquicos e individualistas; u oprimidos por totalitarismos colectivistas.
6.Principio republicano, o de la división de poderes. La sabiduría política prescribe que los ciudadanos debemos someternos a la ley para no tener que hincarnos ante los tiranos. La calidad institucional de una democracia se expresa en la tripartición republicana de los poderes; esencial salvaguarda constitucional frente al avasallamiento despótico de los poderes.
7.Principio democrático o de la alternancia en el poder: El respeto de las minorías y la alternancia en el poder es la clave del sistema democrático para no incurrir en democracias despóticas o dictatoriales. Ello salvaguarda al orden político de caer en gobiernos hegemónicos o autoritarios, que conducen la vida política a procesos de corrupción y degeneración de la vida democrática.
8.Principio de la autoridad política del Estado, o del orden y la seguridad pública. La razón por la cual las sociedades democráticas modernas están jaqueadas gravemente por el flagelo de la criminalidad y de la inseguridad, radica en que en nuestras democracias, no impera el triángulo político virtuoso de la ley, la ética y la justicia En ellas se funda la verdadera autoridad política del Estado -garante del orden y la seguridad pública-; combatiendo eficazmente los vicios y crímenes de la ilegalidad, la corrupción y la impunidad.
9.Principio de la educación, de la ciencia y de la cultura, o de la formación integral del hombre y de la riqueza de los pueblos. La calidad –buena o mala- de nuestra democracia está en relación directa con la calidad –buena o mala- de nuestra escuela. Sólo una revolucionaria política de inversión y promoción en educación, ciencia y cultura -formadoras de la persona humana y del ethos cultural de un pueblo-, posibilita afrontar la política educativa y la educación política, que formen integralmente al hombre y al ciudadano responsable, requisitos esenciales para posibilitar la plenitud existencial de la convivencia de los hombres; único camino orientado hacia el desarrollo y la riqueza cultural y material de los pueblos.
10.Principios de la economía humana, o de la administración prudente y justa de los bienes. El escándalo de la criminalidad de la pobreza mísera en el mundo, se expresa en círculos perversos de pobreza e inequidad. Sólo una economía humana y solidaria, una "economía de solidaridad, o del don" –complementando la "economía de intercambio, o del mercado" y la "economía de coacción, o del estado", puede sacarnos del infierno del egoísmo y del crimen de la injusticia y la inequidad de las economías que endiosan ya al mercado, ya al estado. Éste es el principio económico integral de la administración prudente, justa y solidaria de los bienes; revolución copernicana en la economía, en la que el hombre es agente principal, centro y fin de la economía política.
11.Principio ecológico, o de la protección del medio ambiente y de la salvaguarda de la naturaleza. La preservación del ambiente es uno de los principales de los derechos humanos; es el derecho a la supervivencia, razón de ser de los demás derechos. Nuestra actitud ecológica desaprensiva y depredatoria pone en peligro la supervivencia del hombre sobre la tierra, creando un terrible cuadro de colapso de los ecosistemas, el grave desequilibrio ambiental provocado por el calentamiento del planeta, la destrucción de la biodiversidad, y otras catástrofes ecológicas no menos criminales o suicidas. Sólo será posible proteger al medio ambiente y salvaguardar la naturaleza, desde una enérgica y urgente política medioambiental, regida por el principio ecológico, que combata la incuria, la permisividad, la impunidad y la corrupción ecológicas, con la legislación, la justicia y la ética ecológicas.
12.Principio federal y regional, o del ethos cultural del Tucumán. El principio federal y regional, o del ethos cultural del Tucumán, otorgar efectivas garantías constitucionales a los derechos económicos, sociales, culturales y sapienciales –artísticos, filosóficos y religiosos- de los pueblos que habitan en el suelo de la Provincia de Tucumán; y reconoce estos derechos inscribiéndolos en el macrocuerpo del Valle Calchaquí, y la Región Cultural del Noroeste Argentino promoviendo así un federalismo de concertación, que consolide nuestra integración a la Nación Argentina, y promueva la confraternización intraregional e interregional, con los pueblos, con las provincias, con las regiones, y con los países vecinos