11 de septiembre de 2008

El día del Milagro


Ariel Horacio Sequeira
La procesión de Nuestro Señor del Milagro en Salta congrega a unos 300.000 peregrinos de todo el país y de todas las clases sociales.

Puede decirse que la memoria de Salta está contenida en el culto del Milagro. Esta tierra no conoce otra fiesta tan antigua ni tan masiva y que al mismo tiempo comprenda a todas las clases sociales. Como cada septiembre de la procesión participarán más de 300.000 personas, movilizando a peregrinos de todo el país.
El presbítero Pablo Oscar Martínez, vicario de la catedral de Salta, puntualmente recuerda que el 13, 14 y 15 de septiembre son los días principales de la solemnidad del Señor y la Virgen del Milagro de Salta. El 13 se recuerda la protección que el Señor y la Virgen brindaron a los pobladores durante el terremoto de 1692, y se celebra principalmente el día Nuestra Señora del Milagro, mientras que el 14 es de la exaltación de la Cruz y el 15 el día del Señor del Milagro, cuya procesión se realiza en horas de la tarde, llevando a cabo la renovación del pacto de fidelidad.
La novena comienza el 6 y culmina el 14. En los días previos se llevan a cabo las peregrinaciones de las instituciones educativas, políticas, sociales y culturales hacia al santuario, que parten desde toda la provincia. Esta solemnidad se remonta al Siglo XVII, por lo tanto su historia tiene más de tres siglos sobre sus espaldas.
Este año la feligresía ha sido convocada bajo las siguientes motivaciones: "Vivamos el milagro como discípulos de Cristo, y además se instituyeron otras tres intenciones; para catequizar la diócesis, para que la educación sea una prioridad y para tomar en serio nuestro compromiso ciudadano", puntualiza el sacerdote.
Más allá de los preparativos para estas solemnidades, es necesario buscar en el tiempo el origen de este culto que hoy define una manera de ser del pueblo salteño. Eran las 11 de la mañana de aquel fatídico 13 de septiembre, hace más de 300 años, cuando un terremoto destruyó la población de Talavera del Esteco cobrando numerosas víctimas y dañando de forma considerable a la propia Salta. De acuerdo a los registros del listado de terremotos históricos del Instituto Nacional de Prevención Sísmica, se trató de un movimiento telúrico de una magnitud de siete puntos en la escala de Richter y de nueve en la Mercalli.
El sismo conmocionó a los salteños quienes acudieron a la iglesia matriz a rogar piedad al Santo; el templo estaba cerrado y la gente presa del pánico se encaminó hasta la plaza para suplica perdón a Dios. De alguna manera este habría sido el comienzo de esa arraigada devoción al Cristo y a la Virgen.
Aquel terremoto sólo dejó escombros de la pecaminosa ciudad de Esteco y cuantiosos daños en la ciudad fundada por Hernando de Lerma, asistido por el Fray Francisco de Victoria.
Si bien la destrucción de Esteco aún no se conocía, le gente acudió al templo para postrarse ante el Santísimo Sacramento. Allí la sorpresa no fue menor la iglesia también mostraba la furia del temblor, sin embargo la imagen de la Inmaculada Concepción permanecía de pié, aun cuando había caído de su nicho que estaba emplazado a varios metros de altura, no mostraba señales de daño alguno mientras que su hornacina estaba totalmente destruida. La Virgen ahora estaba al pie del altar mayor elevando su rostro y sus ojos hacia el sagrario.
Fue en ese momento cuando los salteños advirtieron que el rostro de la Santa Madre cambiaba de tono, expresando dolor por la tragedia; su tez hasta entonces un tanto obscura, se tornada pálida.
Aquellos signos fueron interpretados por la gente como una advertencia de Dios. En medio de la angustia y el temor la imagen de María fue transportada hasta la casa del alcalde Bernardo Diez Zambrano y allí se oró durante toda la noche.
En la mañana del 14 de septiembre, se instaló la Virgen en el exterior de la Iglesia Matriz, para que todos la pudieran venerar. Cuentan las crónicas de la época que allí continuaron los cambios del color del semblante de la imagen, al tiempo que la gente comenzaba a hablar del Milagro.
Este sería el origen de este culto para la gente de Salta que desde entonces mantiene su devoción. La tradición recuerda que el padre Carrión recibió la revelación de que el Cristo de la iglesia matriz que jamás había salido en procesión, perdonó a Salta, debido a la súplica de la Virgen del Milagro.
En medio de la desolación por el sismo y los prodigios de la Virgen, continuaron los temblores durante toda esa jornada. Ante esa situación los curas mercedarios dieron inicio a las procesiones y oraciones.
Para la mañana del 14 comenzaron a llegar las primeras noticias de la suerte corrida por la población del Esteco. Fue en ese momento que el sacerdote jesuita José Carrión, aseguró haber escuchado al Señor que le indicaba que sacara la imagen del Santo Cristo confinado al altar de las ánimas de la iglesia matriz, para llevarlo en procesión por la ciudad. Así los jesuitas liberaron de su encierro a aquella imagen, la depositaron frente a la iglesia que estaba en el centro de la ciudad. El Cristo fue llevado en procesión por los fieles para que cesaran los temblores, y esto finalmente ocurrió.
Pero de dónde había llegado esa imagen que ahora se manifestaba en medio de la tragedia y el dolor.
La historia recuerda que el Cristo fue un regalo de Fray Francisco de Victoria, Obispo del Tucumán, quien habría sido el único prelado presente en la fundación de una ciudad en estas tierras, como lo fue Salta en 1582.
Una vez concluido su servicio pastoral, se dirigió a España, y antes de morir remitió a América dos cajas, una con la imagen de la Virgen del Rosario para Córdoba, y otra con el Señor Crucificado para la Iglesia Matriz de Salta.
La tradición recuerda que fue en el puerto de Callao donde sucedió el primer milagro. En las aguas de esa ciudad peruana fueron divisadas dos cajones que flotaban sin más rastros de la embarcación que las habría acercada o de la tripulación que las habría conducido. Rescatadas del océano revelaron su rico tesoro.
Ambas imágenes fueron llevadas en procesión por los pobladores hacia Lima y cuenta la tradición que al llegar a esa ciudad las imágenes fueron veneradas por Santa Rosa de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo y San Martín de Porres.
Con responsabilidad y sabiduría las autoridades decidieron cumplir con la voluntad del Obispo; el Señor Crucificado fue llevado a lomo de mula hasta Salta y la Virgen del Rosario a Córdoba.
Para el 15 de septiembre de 1592 el Cristo llegaba a la ciudad fundada por Hernando de Lerma, mientras la Virgen del Rosario, continuaba su camino hacia Córdoba, quedando en el convento de los Padres Dominicanos.
Después la euforia inicial por el arribo de estas imágenes, lentamente comenzó otra historia signado por el olvido que relegó a al Jesús Crucificado al altar de las ánimas, por espacio de un siglo. En el curso de los próximos cien años la devoción se relajó y la imagen fue olvidada por todos, hasta el terremoto de 1692.
Cuando empezaron los temblores el 13 de septiembre de aquel año, la ciudad de Esteco, rica y pujante, pero apartada de Dios, se hundió, para nunca más resurgir.
Y fue así que la mañana del 15 de septiembre, la imagen del Cristo salió del templo a hombros de las autoridades seguido por el pueblo. Fue en ese momento que cesaron temblores. Algunos historiadores recuerdan que: "Salta no era Esteco y su población fue salvada por la intervención del Señor y su Divina Madre".
Los salteños agradecieron a la Virgen del Milagro y suplicaron perdón al Cristo.
La Virgen de la Purísima Concepción, fue traída desde España para ser alojada en la capilla particular de la casa solar de los Alarcones, en Salta, siendo esta una poderosa familia que todos los años, el 8 de septiembre, la transportaba hasta la iglesia de la ciudad para costearle una Misa especial. Sin embargo aquel año de 1692, olvidaron la imagen y la dejaron en el templo, circunstancia en que ocurrió el terremoto, por lo que la gente lo tomó como otro milagro.
La intervención oficial ante estos hechos se remonta al 8 de octubre de 1692, cuando el cabildo salteño calificó de milagrosos los sucesos del 13, 14 y 15 de septiembre. La Virgen fue designada abogada, declarándose día festivo el 13 de septiembre.
Mientras que el 13 de octubre de ese mismo año se reconoció a Nuestra Señora como Patrona y Abogada de Salta.
La historia recuerda que los salteños se salvaron, gracias a la protección de la Virgen del Milagro y del Santo Cristo Crucificado, de un nuevo terremoto en octubre de 1844. Así fue que en señal de agradecimiento se colocó al pie del Señor una cinta de plata que decía "Tu noster es, et nos tui sumus" (Señor tú eres nuestro y nosotros tuyos).

El pacto con la Virgen María
Virgen Inmaculada, Madre y Señora Nuestra del Milagro, el pueblo de Salta postrado a vuestros pies, quiere reconocer y renovar los votos de sus padres, al jurar vuestro patronato y ponerse bajo vuestra protección. Si en presencia del Cielo y de la Tierra hacemos nuestro el voto que en septiembre de 1692, hiciera este pueblo de celebrar los días en que os manifestasteis su especial protectora y juramos teneros siempre por Madre y Abogada nuestra. Y vos Señora dignaos bendecir y proteger este pueblo, mirándolo como heredad vuestra, para que sea siempre fiel a la fe, a las enseñanzas de la Iglesia y a los compromisos contraídos.
Nuestra Señora del Milagro rogad por nosotros amén.


Si bien el pacto de fidelidad se establece desde los comienzos mismos de estos hechos, sus textos datan recién de 1847.

Una fiesta para todos los estratos sociales
El vicario de la catedral de Salta, Pablo Oscar Martínez, destaca que esta solemnidad es la más importante para la feligresía salteña, "si bien existen otros movimientos y expresiones de piedad y religiosidad popular; las festividades de mediados de septiembre mueven a mucha gente".
Al profundizar asegura que el momento más importante de esta solemnidad es la renovación del pacto de fidelidad. Este se formalizó en cuanto a su texto en 1847, porque en 1844 se repitieron los temblores en esa región, con la misma magnitud que a finales de 1600. Precisamente desde ese año se comienza rezar un texto que se escribió ante esos hechos.
"El tiempo que precede al 15 de septiembre (desde finales de julio) está caracterizado por la penitencia. La gente se acerca a buscar la reconciliación con Dios", señala el sacerdote.
Sin poder abstraerse de la historia recuerda a grandes rasgos que en septiembre de 1692 la ciudad se vio sacudida por fuertes temblores y que fue un sacerdote jesuita quien recibió la inspiración de sacar al Cristo que estaba relegado al altar de las ánimas. "El sacerdote se sintió inspirado para sacar la imagen y animar al pueblo para la penitencia. Los pastores de ese tiempo interpretaron que los sacudones de la tierra, eran en realidad sacudones de la conciencia de los pecadores", dijo el vicario de la catedral.
Así habría comenzado un proceso de arrepentimiento de la gente de sus pecados, originándose la primera peregrinación de penitencia.
Una vez más apelando a las tradiciones recuerda que prodigiosamente la imagen de la Inmaculada Concepción que estaba en la iglesia matriz cayó de pié desde su altar durante los temblores. "En ese momento comenzó a mudar de colores su semblante, se abren sus manos en señal de petición, en dirección al sagrario del templo. La iglesia de ese tiempo interpretó que María cayó en actitud de oración ante Jesús (sagrario); al pié del sagrario y que allí intercediendo el perdón pediste de nuestros excesos", apuntó.
Desde luego esa imagen no sufrió daño alguno como consecuencia de terremoto y es la que hasta el presente los fieles adoran en la catedral basílica.
"De esta manera el pueblo de Salta, a partir de estos sucesos, le dedica al Señor del Milagro parte importante de su vida y promete fidelidad a Dios; para ello hace una alianza como el Señor, que reza: Tú eres nuestros y nosotros somos tuyos", destacó.
A partir de ese momento se formaliza esa alianza.
El presbítero Martínez considera que el milagro ha inspirado la cultura, la poesía y la música de Salta. "De allí que el Señor y la Virgen se convirtieran en los patrones tutelares del pueblo de esa provincia. La particularidad de esta solemnidad es que genera un clima de recogimiento, de oración y de penitencia; esto excluye cualquier otro evento cultural, musical o deportivo en la Salta. Es importante destacar que esto no fue una imposición de la iglesia; por el contrario es la manera como el pueblo salteño le rinde su tributo al Señor", aseguró.
Para el sacerdote es importante recordar una vez más que los orígenes de esta solemnidad son la penitencia y el recogimiento por los pecados cometidos.
Para comprender con exactitud la importancia de estas festividades es necesario saber que durante todo agosto todas las instituciones peregrinan al santuario, siendo mayoría las escuelas. "Todas concurren al santuario desde todas partes de Salta; delegaciones organizadas por cada establecimiento durante agosto visitan al Señor y a la Virgen del Milagro", destacó.
Desde hace tres años el último día de peregrinación, se lleva a cabo el Milagro con los niños, convocando en ese caso a los jardines de infantes, realizando también la renovación del pacto de fidelidad para los más pequeños.
El Milagro salteño congrega a todos los estratos sociales. "El Milagro es la alianza de amor entre el Señor y el pueblo de Salta, que se vive en lo cotidiano y se renueva cada 15 de septiembre. En esa fecha el pueblo, junto a los peregrinos que llegan desde todo el país, hacen una opción por el Señor y le decimos y hacemos el voto de nuestros padres", apuntó el sacerdote.

Solemne Triduo
Jueves 13
Solemnidad de la Santísima Virgen del Milagro, homenaje del clero diocesano y seminaristas
"Virgen del Milagro, gloria de este pueblo, en quien siempre haya todo su remedio"
Las misas son a las 7, 8, 13, 17, 19, 20 y 30 y 22.
A las 10 es la misa estacional y las 13, Santa Misa.
A las 19, misa en homenaje al padre Carrión, sacerdote jesuita que recibió la inspiración de sacar al Señor del Milagro por las calles.
A las 20 y 30 es la procesión de Penitencia con la Cruz primitiva del Señor del Milagro en memoria de la Procesión de Penitencia del año 1692. Saldrá de la Parroquia San Juan Bautista de la Merced (Caseros 869) hasta la Iglesia San Francisco para concluir en la Catedral.

Viernes 14
Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.
"La Santa Cruz es trono para Nuestro Señor Jesucristo. Tan noble Rey venció en ella al pecado y la muerte, no al modo humano, sino al misterioso modo divino."
A las 7 y a las 8, Santa Misa
A las 10, Misa Estacional y a las 13, Santa Misa.
A las 17, 19, 20 y 30 y 22, son las Misas del Peregrino
A las 24, la Santa Misa ofrecida por la Hermandad del Milagro.
Noche de vigilia y oración.
No se cierra el Santuario.

Sáb 15ado
A la 1 y 30, 2 y 30 y 4 y 30, Santa Misa
A las 6, Misa ofrecida por la Guardia de obreras del Señor del Milagro.
A las 8, Santa Misa.
A las 10, Misa Estacional.
A las 12 se cierra el templo para preparar la procesión.
A las 15 y 30, concentración de Instituciones y fieles.
16 y 15, es la procesión histórica de las Sagradas Imágenes de el Señor y Virgen del Milagro, de la Virgen Coronada de las Lágrimas, y de la Cruz Primitiva del Señor del Milagro.
A las 18 y 30, es la renovación del Pacto de Fidelidad, por el Arzobispo, autoridades de de Salta- Himno Nacional-Regreso de las Imágenes.
A las 20 y 30 es la Misa del Peregrino.
Y a las 22 y 30 se cierra el Templo.

Pacto de fidelidad
Divino Jesús crucificado y Señor nuestro del Milagro, el pueblo de Salta hoy postrado en vuestra presencia viene a renovar el voto de sus mayores, cuando acudiera a vos encontrando remedio en su aflicción. Si ante esa cruz que nos enviasteis a través de los mares para ser nuestro escudo y defensa, juramos lo que juraron nuestros padres, teneros siempre por padre, abogado y patrono y reconocer vuestra real soberanía sobre todos los pueblos y especialmente sobre el nuestro.
Confesamos que sois el camino, la verdad y la vida. Así de los individuos, las familias, pueblos y naciones y que lejos de vos y de los esplendores de vuestra cruz, sólo se encuentran engaños y amarguras. Hacemos nuestros el pacto de fidelidad celebrados por nuestros antepasados, prometiendo que vos dulce Jesús, serás siempre nuestro y que nosotros seremos siempre tuyos.
Extiéndanse vuestros brazos sobre este pueblo y la Nación argentina, para protegernos y defendernos y hacer que las verdades de nuestra fe y enseñanzas de nuestra iglesia, sean siempre el norte de nuestras acciones y el fundamento inconmovible de nuestras instituciones.
Señor del Milagro salvad y bendecid nuestro pueblo, Amén.