11 de septiembre de 2008

San Gil y la "religiosidad popular"


Juan Manuel Aragón

Todos los 25 de agosto la misma historia, promesantes y peregrinos, devotos de San Gil, caminan cerca de 40 kilómetros para traer su imagen desde el centro del departamento Banda, hasta Santiago. Es el preludio de la fiesta grande que se hará el primero de setiembre en Sacha Pozo, con mucho viento del norte, si Dios quiere.
Parece que los fieles no se anoticiaron de que ya ha pasado el 25 de Mayo de 1810, porque -como en muchas fiestas populares del norte- todavía lucen cintas amarillas y coloradas, con la inscripción "Gracias San Gil" y se estampan esas mismas palabras en las capas, en las binchas y en las gorritas y remeras que venden los bushcas ambulantes, que pretenden hacer su agosto, justamente cuando está terminando.
Este año la iglesia de San Roque recibió la imagen del santo que, según una tradición antigua, tiene que dormir en Santiago una noche y volver a la madrugada siguiente a Sacha Pozo, donde llegará a las 11 de la noche.
Es cierto que los muchachos algunas veces toman cerveza de más, pero qué quieren, si todavía no hallaron otra forma mejor de divertirse. Tal vez quienes estudian los asuntos populares, debieran también analizar este fenómeno, en vez de negarlo o de sostener que son cosas que arruinan la fiesta. Si alguna vez un candidato se venía de a caballo, desde La Banda, tomando cerveza en el camino, por qué ellos no, ¿ah?
No hay derecho a que la noche del 25, cuando la gente humilde de Santiago se llegaba a tomar gracias del santo, a hacerse pisar por su imagen, durante la misa de la noche lo hayan tenido escondido en la sacristía para sacarlo inmediatamente después. Como si fuera un santo de segunda.
Demasiado sacrificio hacen los pobres para entrar en el molde de lo que algunos llaman la "religiosidad popular", como para que se les impida expresarse como quieren. Por lo menos una vez al año. O dositas, no piden más.