25 de junio de 2008

Descubrimiento



Absalón Alomo
A la vuelta de cualquier esquina, Santiago sorprende. Puede ser la saliente de un techo que nunca habíamos visto, un visillo entrevisto en una ventana, con una mujer que nos observa desde el misterio o un balcón de los que hay miles en el centro de esta ciudad de cuatrocientos cincuenta y pico de años.

Hay quienes aman pasear sin rumbo por las calles desoladas de Santiago.

Para conocer una ciudad, primero hay que descubrir a los demás en el paisaje y a través de ellos, llegar hasta uno mismo, como quería Platón. El resto es mirar y ver y observar.