8 de julio de 2008

Atahualpa

"Atahualpa Yupanqui, antología" es el título del volumen lanzado en el festival de Cosquín, que reúne obras del artista criollo y que se integra al Plan Nacional de Lectura 2007 generado por el Ministerio de Educación de la Nación.
El material de 129 páginas, cuya primera edición de 18 mil ejemplares para ser cedidos a alumnos de enseñanza media, fue compilado por la investigadora y docente María García Vinelt.
La educadora resaltó que "para hacer este trabajo que me encargó la fundación Atahualpa Yupanqui y que logré llevar al Ministerio para su inclusión en el Plan Nacional de Lectura, me movió la intención de contribuir a la identidad".
La presentación realizada con los aportes artísticos del actor Alejandro Awada y de los grupos musicales Las Voces Blancas y del Colla Chavero, se expresó el 23 de enero sobre el escenario Atahualpa Yupanqui de Cosquín.
Pese a este acto, María García Vinelt criticó a la Comisión Municipal de Folclore que dirige el Festival porque, dijo, "trató de no cederle espacio a este hecho único en la historia de la educación argentina que merecía una celebración en el mejor marco posible que es el escenario Atahualpa Yupanqui".
Como anticipo del libro, Educación mandó a imprimir 380 mil juegos (consistentes en fragmentos de los mismos seis libros que conformaron la antología) que empezarán a circular por escuelas de Córdoba y del noroeste argentino.
Puesta a analizar la importancia de este emprendimiento, consideró que "nadie puede amar lo que no conoce y este trabajo viene a abrir la puerta al conocimiento de alguien que es un referente máximo de nuestra identidad".
"La palabra de Atahualpa -consignó- es la que refleja el camino, el paisaje, la Patria y el compromiso desde valores esenciales".
Para María García Vinelt, docente de Ética en el Instituto Universitario Nacional del Arte,
algunos de esos valores presentes en el universo yupanquiano son "la honradez, la justicia, la solidaridad, el respeto y la palabra justa".
El texto en cuya portada está el retrato de Yupanqui a cargo del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, se nutre de los libros Piedra sola (1941), Aires indios (1943), Guitarra (1954), El payador perseguido y El canto del viento (ambos de 1965) y La capataza (1992).
La edición impulsada desde la Fundación Atahualpa Yupanqui que comanda el Colla Chavero, hijo del hacedor, y que se extenderá por cinco años es, para la investigadora, un primer paso.
"Ahora -puntualizó- debemos avanzar con celeridad en el dictado de cursos sobre la cosmovisión de Yupanqui para docentes que así puedan aprovechar este material que estamos entregando".
De algún modo, la educadora sueña con que sus colegas vivan en carne propia lo que ella experimentó desde 2002, a partir de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa, cuando incluyó a Yupanqui entre los textos de su cátedra.
"Para dar Ética, el programa va desde los griegos hasta Umberto Eco, pero a partir de 2002 sentí la necesidad de tener una mirada desde lo nuestro y allí apareció toda la grandeza de la obra de Yupanqui", evocó.Empapada de ese legado que sintetiza lo mejor de la cultura argentina, concluyó que la obra del compositor y poeta "no es para amar u odiar, sino para respetar y admirar".