13 de julio de 2008

Nueva dimensión

Una recensión de esta revista tendría que comenzar, necesariamente, con el por qué del nombre, algo que se explicó en el primer número pero que, luego de varios publicados, va adquiriendo nuevas dimensiones o, si se quiere, otros significados. No son sólo los signos los que le dan el carácter, sino también su explicación, como paso a otra cosa, a otro asunto. O la profundidad de algunos de los asuntos que se abordaron.
Así, el primer número trajo una entrevista a Rodolfo Legname, funcionario de la provincia, que explicó, en una palabra, hacia dónde quiere llevar el gobierno las aguas de eso tan amplio que le dicen “cultura” y que tal vez no sea más que las formas que tienen los santiagueños de relacionarse con sus particulares dioses. Legname es actualmente el subsecretario de Cultura y con sus palabras en la portada comenzó esta particular aventura periodística.

Luego volvimos unos pasos. En el segundo número, Alfonso Nassif, el poeta vivo más grande de la provincia, recordó a Ricardo Dino Taralli, quien fuera mentor, gestor y activo propulsor de los “Cuadernos de cultura”, de la Municipalidad. Con esa nota, los lectores de esta revista -y sus editores- nos enteramos de la titánica tarea de edición que significaron los “Cuadernos” para quien comenzara como un humilde empleado municipal. Elegimos tres de los sonetos de Taralli y quedamos en deuda con Nassif, que todavía no ha publicado ninguno de sus versos aquí.
El próximo número nos halló en el filo de los dos años. ¿Quién quiere leer sobre cultura, en medio de turrones, lechones, pollos y festejos con pitos y flautas? Fue un número dedicado a recordar una de las epifanías del Nuevo Testamento, la de la venida de los Reyes Magos. El párroco de la Catedral, Gerardo Montenegro, respondió las preguntas que, suponemos, le habrían hecho también los curiosos lectores. Fue el primer número de 16 páginas, la mitad a todo color. Alcanzó para dos cuentos y para que algunos de los colaboradores del extranjero nos contaran sus costumbres de fin de año. Entre otros asuntos, claro.
El número anterior al que usted tiene en sus manos, fue el de las bibliotecas, porque sin ellas como reserva -conserva- de la cultura, el progreso del hombre (y ciertas regresiones, aunque cueste reconocerlo), hubiera sido imposible.

En todos los números también se trataron algunos asuntos referentes a los alumnos, sus padres y los maestros, la educación formal, en suma, que es uno de los pilares en que se asienta la cultura escrita. Las fotos mostraron otro Santiago que, no por conocido deja de ser sorprendente. Se recomendaron libros, por qué no, si las buenas librerías de esta provincia cuatro veces y media centenaria tiene escritores de los que enorgullecerse.
¿Una revista de cultura?, ¿gratuita?, preguntaban algunos, incrédulos. Mejor dicho, sin la coma, algunos incrédulos. La mejor respuesta la recibimos de la gente, que en sus cartas o cuando nos encuentra por la calle, nos pregunta cuándo sale el próximo número.
Pretendemos seguir. Si usted nos ayuda, eso será posible. Sólo tiene que leernos, no pedimos más.