8 de julio de 2008

Sonetos



Carlos Virgilio Zurita

A Charlie
No me impida escribir sobre mi gato
lo ya dicho por Neruda, Baudelaire,
el receloso Borges o Apolllinaire
que algo debo decir en mi formato.


Tutor de metafísica y soltero,
santiagueño con cola, el amor rehuye,
las caricias, y todo lo que fluye,
que nada es firme, sino pasajero.

Por este mundo de simulaciones,
él descalzo y desnudo se desliza
como sombra por las habitaciones
inventando el territorio que pisa.
Esta es su casa.

Creímos ser sus dueños,

sólo somos materia de sus sueños.

A Alberto Tasso,
escribiente

El transitar me ha sido deparado
una parte importante del camino
con un amigo que lleva el destino
de recoger al mundo a su cuidado.

Nunca cierra las puertas de su casa
y por doctrina evade los cerrojos
queriendo descifrar con propios ojos
los enigmas de la vida que pasa.

Es dibujante, calígrafo y poeta,
ningún paisaje le resulta ajeno,
un horizonte móvil es su meta,
los vagos espejismos su terreno.

Varios sueños alienta, pero hay unoreal:

ser todos los hombres y ninguno.

A mi padre

En el decurso del tiempo he cambiado
domicilio, religión, pertenencias,
he sido oficiante de vagas ciencias,
pero el amor pasó por mi costado.


Si no perdí el sabor ni la fragancia
de vivir, extraviado en los caminos
donde suelen cruzarse los destinos,
fue por la tierra firme de la infancia.

Tu cifra del mundo es mi heredad:
la España Republicana, el mirar
entre los sueños, y esa vastedad
de los libros y la música, cuyo
rumor nunca se habrá de disipar.

No soy tu hijo, sino un invento tuyo.

A unos ojos

Y la vida pasó sin darme cuenta,
y tarde llegué a todos mis asuntos;
quimeras perdidas, dioses presuntos,
sombras que la memoria aún alimenta.


No poseo sino escasas certidumbres:
Bach, Trotsky, Flaubert y el vago destino
de compartir con amigos el vino,
el tabaco, la poesía y sus vislumbres.

Mas el secreto de la vida tengo
escrito en unos mágicos espejos
por los que sé quien soy, de dónde vengo.

Horizontes que el cielo no limita,
primavera entrevista desde lejos
en los mares de los ojos de Anita.