15 de julio de 2008

Tiempo legendario

Tiempo legendario

Se sabe, Santiago vivió su tiempo legendario, en épocas no tan lejanas. Apenas hay que dar vuelta para atrás unas páginas de la historia, para encontrar algunas de las leyendas fundacionales de la provincia. Están a la vuelta de la esquina. De las tres más importantes, el Linyerita de la Belgrano y vías, el bulón de oro del puente Carretero y los túneles que salían de la casa de Juan Felipe Ibarra, dos no han cumplido un siglo. Esto quiere decir que están vivos algunos de quienes fueron testigos de esas leyendas. O sus hijos, que si son ciertas las afirmaciones sobre las verdades de la transmisión oral, vienen a ser testigos casi de primera mano.
El Parnaso santiagueño tiene sus dioses, semidioses, héroes, mitos, próceres mayores y menores. Y sus antihéroes. Siempre, por supuesto, más aquí de la Telesita, la Almamula y otros seres que poblaron estas tierras en la prehistoria y que son justamente recordados por el folklore más antiguo. Y algunos personajes anónimos que se colaron para siempre en la eternidad, con algún gesto que hace que todavía hoy sigan presentes en el recuerdo popular.
Hubo un tiempo luminoso de la ciudad, recordado por vates de la altura de Jorge Rosenberg o historiadores de vivencias, como Pedro Rojas Cuozzo.
En la Urquiza y Belgrano había un puente y desde allí el agua corría calle abajo hacia la Roca, recordando a todos que el pasado campesino estaba a la vuelta de la esquina, apenas pasando el barrio de las Catalinas. El estadio de Central Córdoba, en el que a veces las hinchadas desean la muerte de los rivales, era el cementerio de la ciudad, barrio de Cantarranas, según los memoriosos. Para el otro lado, en lo que hoy es pleno centro todavía, Cachi Pampa no imaginaba las campanas de San Roque siempre puntuales, llamando a misa.
Y en medio de ese Santiago que despertaba a inventos modernos que al fin llegaban, un joven Vicente Gigli, tomaba fotografías, inmortalizando para siempre una leyenda que, gracias a sus hijos y sus nietos sigue vigente. Santiago sería mucho menos, si no se hubieran levantado registros gráficos de lo que sucedía, porque la historia no es lo que sucedió sino lo que se sabe que sucedió.
Como los mitos y las leyendas.