13 de julio de 2008

Julián Cáceres Freyre

Juan Manuel Aragón (padre)

Esta nota es el prólogo del libro inédito “Folklore santiagueño”, con las recopilaciones hechas por el autor catamarqueño en Santiago. Como la de las páginas 6 y 7 fue cedida a esta revista por su hijo Juan Manuel Aragón.


Don Julián Cáceres Freyre contaba que su abuelo, Pedro Celestino Cáceres Espíndola, santiagueño, viajando hacia Córdoba se encontró con una partida al mando del general Peñaloza. El general lo invitó a cambiar de destino y que en vez de Córdoba se fuera a La Rioja. Y así lo hizo, afincándose allí. El 3 de junio de 1916 don Julián nació en Buenos Aires, pero teniendo muy presente su origen provinciano y campesino. Hasta su muerte -en mayo de 1999- conservó una propiedad en Ascha, Aimogasta, que más que como fuente de ingresos le servía de lazo con la tierra amada.
Vivió su infancia en La Rioja, y se interesó por las historias y las antigüedades de su tierra. En Buenos Aires estudió arqueología, conocimientos que aplicó para analizar y clasificar el material indígena sacado a la luz por él al descubrir las ruinas del fuerte de San Blas del Pantano, en los límites de La Rioja con Catamarca.

La Organización de Estados Americanos le encomendó estudios antropológicos en Méjico; diez años después publicó una antropología cultural comparada entre el sudoeste de los Estados Unidos y el noroeste argentino. En 1961 publicó un “Diccionario de regionalismos de la provincia de La Rioja”. Entre 1958 y 1980 dirigió el Instituto Nacional de Antropología. Fue miembro fundador de la Academia Nacional de Geografía, presidente del Instituto Bonaerense de Numismática, miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia. En su casa -un antiguo y amplio departamento de la calle Callao al 600- reunió una biblioteca de unos cuarenta mil ejemplares, valiosísima, especializada en las materias a las que estaba consagrado. Además tenía algunos aperos criollos de su tierra, para mostrar a las visitas. Poco antes de morir brindó su asesoramiento para una exposición en Buenos Aires de peleros tejidos en telares. Estuvo, mientras su salud se lo permitió, estudiado constantemente, haciendo conocer las cosas de la tierra y brindando su apoyo a la difusión de su cultura. Hasta sus últimos días se esmeraba en la preparación de un libro sobre las antiguas librerías de Buenos Aires.
En 1948 vino a Santiago del Estero. Orestes Di Lullo, que ya había realizado investigaciones folklóricas aplicando las técnicas y criterios desarrollados por Juan Alfonso Carrizo, lo puso en contacto con sus amigos, especialmente de Loreto, Atamisqui, Salavina y Río Hondo. Don Julián, además de sus consultas a gente conocedora y de tomar unas doscientas fotografías, pidió a los maestros de escuela que recogieran de sus alumnos los conocimientos folklóricos vivos, lo que han aprendido en sus hogares. Esta recopilación, por lo engorroso que resulta descifrar la letra de chicos que recién tienen un somero contacto con la escritura, quedó postergada mientras Cáceres destinaba su atención a investigaciones más trascendentes. En 1995 entregó este material al ingeniero Juan Manuel Aragón, en Santiago, para ser analizado y pasado en limpio. Aragón escribió el libro “Folklore santiagueño”, una de cuyas copias envió a la viuda de Julián Cáceres, ya que unos meses antes, había fallecido.