8 de julio de 2008

La nación quebecoise


Juan Carlos Negrete


El nacionalismo es el más primitivo de los sentimientos.

Jorge Luis Borges


Algunos se habrán enterado por noticias internacionales recientes que la legislatura nacional canadiense (Parlamento) ha aprobado una moción designando a los "Quebecois" (el pueblo francés de la provincia de Quebec) como una "nación dentro de un país unido" (Canadá); y tal vez se pregunten qué significa una tan curiosa iniciativa. Se trata en realidad de una maniobra política del gobierno federal canadiense para ganarle de mano al "Bloc Quebecois", un partido separatista representado en la legislatura nacional, que tenía la intención de presentar su propia moción declarando que la provincia de Quebec en sí es una nación distinta. Para que se den una idea; esta última propuesta equivaldría a que los diputados etarras en las Cortes de España soliciten un voto en apoyo de la designación del país Vasco como una nación aparte. La artimaña del gobierno canadiense rindió los frutos esperados, porque aunque más diluida que la que ellos iban a proponer, los diputados separatistas no podían oponerse a una designación oficial de "nación", y tuvieron que votar en favor de la moción gubernamental, que insiste sobre la pertenencia de Quebec al Canadá.
Todo esto les ha de parecer muy extraño, estoy seguro; porque hace mucho tiempo que el problema de la unidad nacional ha cesado de ser materia de litigio en la Argentina. ¿A quién de Uds. se le ocurriría preocuparse por las definiciones precisas y las diferencias conceptuales entre nación, país, patria y estado?
Una breve reseña histórica les facilitará la comprensión del asunto: Fueron los franceses quienes comenzaron la colonización europea por estos lares a inicios del siglo XVII. La fundación de la ciudad de Quebec data de 1608. Dicha colonia recibió el nombre de Nouvelle France (nueva Francia) y se desarrolló sin interrupción durante más de 150 años, extendiéndose en asentamientos a lo largo del río San Lorenzo.

Los ingleses, por su parte, establecieron sus propias colonias en zonas aledañas, la "Nueva Inglaterra" al sur (los estados americanos situados al norte de Nueva York, sobre la costa atlántica); las actuales provincias "marítimas" canadienses al este; y lo que es hoy la provincia de Ontario, inmediatamente al oeste. Por extensión de las acciones que oponían Inglaterra a Francia en otras regiones del mundo, una invasión inglesa tomó manu militari la ciudad de Quebec en 1759, e incorporó la Nouvelle France a las posesiones de la corona británica. El actual territorio canadiense no era entonces sino un conjunto de colonias inglesas regidas desde Londres, independientemente las unas de las otras. Se dio el nombre de "Bajo Canadá" a la colonia francesa recientemente conquistada y el de "Alto Canadá" a la actual provincia de Ontario. El Canadá de hoy sólo tomó forma años después, en 1867, cuando las distintas colonias se pusieron de acuerdo para definirse como las provincias de una federación controlada por un gobierno único y local, cuya sede actual está en la ciudad de Ottawa. Pero a pesar de haberse organizado políticamente de esa manera, dicho estado nunca se declaró independiente de la monarquía británica. Aún hoy, el jefe oficial del estado canadiense es la reina Isabel de Inglaterra y el dinero del país lleva su imagen. Pero esa designación es una mera formalidad sin ninguna consecuencia práctica; la más reciente versión de la constitución nacional, vigente desde 1982, ha despojado a la corona y a Westminster de toda autoridad sobre el gobierno, el parlamento y el poder judicial canadienses.
Ese tipo de indefinición política es típica del Canadá y ha caracterizado su desarrollo histórico desde el comienzo. Los ingleses tomaron el poder en la Nouvelle France, pero sólo en lo que hace a las fuerzas armadas, las finanzas, la industria, el comercio exterior y las relaciones internacionales. A ellos no les interesó ocuparse del gobierno local ni de los servicios directos a la población. Es por eso que, aún dentro de un dominio inglés, los franceses desarrollaron un sistema educativo y servicios de salud propios (ambos en manos de la iglesia católica); mantuvieron un sistema legal diferente del británico (eventualmente el código napoleónico); y controlaron la política local (municipal y provincial). Aún mas importante, lograron continuar expresándose en francés y practicando la religión católica.
Se darán cuenta que ocurrió en Quebec algo similar a lo de la Argentina del siglo XIX, eso es: gobierno local, pero poder real en manos de una potencia extranjera. Como en la Argentina, todos los factores de desarrollo socio-económico estaban bajo el control de los ingleses: recursos naturales (minería, forestal, pesca); fuentes de energía (hidroeléctrica, carbón, gas, petróleo); industria pesada y gran parte de la manufactura de productos de consumo; transporte ferroviario, marítimo y aéreo; telecomunicaciones; comercio mayorista; instituciones financieras; industria de seguros.
Con la conquista británica cesó todo influjo francés, la única corriente inmigratoria era de habla inglesa, y se instalaba en los centros urbanos, sede de la economía que ellos manejaban. Por su parte los franceses constituían la casi totalidad de la población rural de la provincia; esa población estaba organizada en diócesis y parroquias, porque la iglesia católica representaba la única estructura socio-política en existencia. Aún más, los archivos de los curas párrocos fueron el único "registro civil" en vigencia en Quebec hasta la década del 60.
Sin ninguna contribución inmigratoria durante 200 años, e inhibido por el idioma y la religión de entre-mezclarse con los anglo-protestantes, el Quebec francés se tornó una sociedad etnocéntrica, prácticamente endogámica. Un pueblo con un culto por lo propio; por lo tradicionalmente "puro". Es así que usan expresiones como: "quebecois pure laine" (quebequense pura lana) para referirse a sí mismos.
Sucede que a pesar de la presencia de los "anglos" y de los "neos" (como yo), los franco-quebequenses todavía representan una mayoría de más de 60 por ciento en esta provincia y están en condiciones de imponer su voluntad política si así lo desean. Es por eso que ya han elegido varios gobiernos locales que proponen la independencia de Quebec. Pero las dos veces que se llamó a plebiscito para proceder con esa iniciativa, han optado por decir no (la ambigüedad a la que se hizo mención anteriormente).
Una Nación, dice el diccionario Larousse, es una comunidad humana que posee una unidad histórica, lingüística, cultural y socio-económica. Dicha comunidad ocupa generalmente un territorio geográfico único. Ciertamente una definición que cabe al pueblo franco-quebequense, y que al ser aprobada por el resto del Canadá, los llena de orgullo. ¿Pero qué hacer con el resto de la población de la provincia? ¿Cómo definir a la importante minoría de anglosajones, muchos de ellos con raíces que se extienden por 200 años? ¿Y a qué "nación" pertenecen los neo-canadienses de otros orígenes que han estado llegando a Quebec en los últimos 100 años?
Cuanta razón tenía nuestro gran Borges, el sentimiento nacionalista no se explica con la razón; es algo primitivo, como los instintos básicos, sobre los cuales el lóbulo frontal del cerebro (el intelecto) ejerce muy poca influencia.


Montreal, diciembre del 2006.