14 de agosto de 2008

Borrando fronteras


Juan Manuel Aragón


Algunas ideas sueltas sobre el significado de una revista de cultura que trasciende los límites de una provincia del norte para intentar la aventura de correr los límites del pensamiento.

1. Una revista de cultura es el último destino de quienes desean hacerse ricos con el periodismo. Mientras las de deportes o modas se pagan y algunas muy caras, las de cultura o son gratuitas o vienen adosadas a un diario como suplemento que se entrega con la edición del día. La mayoría son sostenidas por grandes empresas que no desean perderse lo que ahora se llama un "nicho" del negocio.
2. Qué tiene que ver un vecino de La Quiaca con otro de San Pedro de Guasayán, Las Pirquitas, La Silleta o Monteros. Capaz que muy poco, en una de esas, mucho. Por lo pronto todos comparten una historia de silencios, mechada con palabras en quichua y algunas historias comunes de injusticias pasadas y presentes.
3. ¿Una revista de cultura hecha en Santiago del Estero? ¿A quién se le ocurre? ¿Por qué no en algún otro lugar, en el que la cultura haya puesto raíces más fuertes, más seguras? La respuesta podría ser que en los últimos tiempos hemos aprendido que las nuevas formas de comunicación –Internet, teléfonos celulares- han igualado algunas posibilidades. Lo que antes quedaba lejos, Nueva York, Samarcanda, Bombay, Lima, ahora está a la vuelta de la esquina. O se lo entiende o se lo deja, pero nadie que vea televisión, lea los diarios u oiga radio lo ignora.
4. Para ir de El Bobadal a Las Puertas, Las Delicias, El Cambiado, había dos caminos. O pasando por todo el pueblo o haciendo la cortada por el cementerio. Una empresa tucumana que desde hace más de diez años siembra soja sobre trigo y trigo sobre soja, ha cortado el camino del cementerio. Ningún funcionario santiagueño, ningún vecino del Bobadal se alzó contra la medida. Lo que probaría, entre otras cosas, la hermandad -a veces desmentida- entre Tucumán y Santiago.
5. Pero, ¿existe eso que se llama el norte, como una entidad distinta de la que proponen los políticos con nombres casi siempre ditirámbicos y contenidos casi siempre vacíos? Las universidades, algunos trabajos como los de viajantes o médicos que se trasladan de un lado a otro parecieran confirmarlo. Pero no hay que restarle méritos al amor, que hace que se llenen los colectivos durante las fiestas, entre otros fenómenos no menos curiosos que provoca.
6. Algunos muchachos del pueblo de Calilegua, en Jujuy, no saben que a metros de la escuela que fatigan todos los días, crece desde hace muchísimos decenios, uno de los jardines más bellos del mundo, con una de las avenidas de bambúes más largas del mundo y plantas exóticas. Tal vez sean las autoridades del lugar las que niegan este espacio que debería ser común, tal vez sean los dueños de este jardín exótico.
7. Ahí donde el terreno tiene una pequeña depresión, siempre crece un guayacán. Somos los pueblos del guayacán, que guarda el agüita de lluvia para los bichitos entre los pliegues de sus sobacos y es duro y es sombreado. También estamos hechos de quichua, con palabras que a veces son un guiño del destino para reconocernos en otros pagos. Y del viento norte seco y maldito que justifica algunos de nuestros peores defectos.
8. Todos los diciembres, en Salta se festeja el día del lustro, nombre del lustrabotas tucumano y el lustrín santiagueño. La primera lectura sería que hay una sociedad dispuesta a honrar hasta sus trabajadores más humildes, la segunda es que no se quiere terminar con un régimen de explotación y pobreza consuetudinaria
y se lo fomenta, celebrando la pobreza, la falta, la escasez, la necesidad.
9. Dios está en todas partes, pero ya no atiende en Buenos Aires. Si no es cierto, por lo menos se debería hacer como si fuera verdad. Porque ya se ha visto que muchas veces desde allá viene el problema, no la solución. Las pocas ocasiones que los pueblos del norte han tenido de manifestarse, han demostrado que no necesitan de la gran ciudad para ser, para existir, para hallar una solución a sus dramas, en definitiva.
10. Si llegaras viajero, a Catamarca, a eso del mediodía a la iglesia de San Francisco, con necesidad de observar por un rato el corazón fray Mamerto, ten cuidado, sus custodios niegan lo evidente. El cartel de la entrada dice que cierra a las doce y media, pero mucho antes de esa hora ya nadie te atenderá y la piedad deberá esperar hasta que se reabra el templo.
11. Lo vamos a decir, a riesgo de parecer pretenciosos. Si esta revista, lector, te ayuda a encontrar las preguntas para comenzar a entender a tu pueblo habremos cumplido nuestro cometido. Si además encuentras belleza en algunas de sus páginas, entonces su fin estará cumplido. Lo demás es economía.