8 de agosto de 2008

Cristo revolucionario


Ariel Horacio Sequeira


El historiador Lucas Lanusse, estuvo en Santiago presentando su segundo libro sobre la década del setenta, "Cristo revolucionario", el primero fue "Montoneros, el mito de sus doce fundadores". Aquí recrea la historia de diez religiosos que integraron la corriente cristiana convertida a la militancia revolucionaria que se conoció como el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo.

En "Cristo revolucionario", su segundo libro sobre los 70 (el primero fue "Montoneros, el mito de sus doce fundadores"), el historiador Lucas Lanusse recrea la historia de diez religiosos que integraron la corriente cristiana convertida a la militancia revolucionaria que se conoció con el nombre de Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. A su paso por Santiago del Estero acompañado por Juan Ferrante (uno de los protagonistas de libro), dialogó con El Punto y la Coma en la librería Hiperión. En ese marco es importante destacar la labor cultural de esta librería posibilitando tomar contacto con las novedades literarias de alcance nacional.
Lanusse resume su libro remarcando que cuenta la historia de nueve curas y una monja; que si bien no todos pertenecían al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, sí se manifestaron por una línea de compromiso con los pobres, que se dio en ese contexto particular de renovación de la iglesia de los 60 y en medio de una situación nacional e internacional muy convulsionada.
En esta obra publicado por Ediciones B, el autor cuenta las historias de Guillermina Hagen, Miguel Mascialino, Domingo Bresci, Rolando Concatti, Elvio Alberione, Héctor Galbiati, Pepe Serra, Rubén Dri, Alberto Sily y Juan Ferrante, que en los años 70 fueron parte de una Iglesia militante.
-¿Cómo se llega a revisar la historia de estos sacerdotes?
-En medio de la investigación de la segunda parte de Montoneros, me dio ganas de hacer algo menos encorsetado, sin ánimo de tesis. En vez de demostrar algo quise mostrar y que mejor que estas historias de vida cinematográficas, de compromisos, de luchas, de cárceles, de exilios. El tema de los cursas surge porque tiene cierta relación con Montoneros, porque en el origen de esa organización la iglesia tercermundista tuvo mucho que ver. Y también por alguna cuestión medio freudiana, provengo de una familia católica, por lo que quizás haya al mismo tiempo una búsqueda personal.
-Los 70 y su historia siempre empujan a la controversia ¿Por qué ese interés tan marcado por estos tiempos en su obra?
-Lo que más interesa es la pasión de gran parte de esa generación que contrasta con lo que podemos ver en la actualidad, donde la gente está totalmente despolitizada, además de descreída y escéptica. Me atrae entonces esa generación que creía que podía cambiar el mundo y que además se lanzó a cambiarlo. Si leemos los documentos de la época y se recrea un poco aquel clima, nos queda claro que no se hablaba de cambiar el mundo en 50 o 100 años, sino por el contrario de hacer una revolución integral y en un plazo mucho más corto.
-Pero todo aquello terminó en un fracaso. ¿Cómo se puede leer a la luz de los tiempos que corren, la suerte que corrieron quienes alentaron esa revolución?
-En el corto plazo y siendo elitistas se puede hablar de fracaso. Pero creo que todo lo que paso es mucho más complejo. El hecho de que hoy esté recogiendo esos testimonios y estas las historias y las esté divulgando y tengan la repercusión que están teniendo, nos muestra que esa historia debe ser tratada con matices. Entiendo que muy poca gente es la que no rescata el espíritu de compromiso y la coherencia de toda esta generación. Sin embargo queda claro que a la luz de cómo termino la historia de los 70, habría que rever muchas cosas, como por ejemplo lo que se acuño por aquellos años como "el todo o nada". Desde mi punto de vista esa escasa propensión a la negociación, esa convicción de que la revolución era integral, completa y en todos los campos o no era, a la luz de los tiempos que corren, deberían ser revisados rigurosamente para sacar sus enseñanzas.
-¿Cómo conjugaron aquellos religiosos sus votos del orden sagrado con la violencia?
-Este es uno de los tantos debates de aquella época. Siempre aclaro que este libre probablemente abra más interrogantes y debates que conclusiones. Los discusiones de aquel momento no sólo estaban centrados en la cuestión de la lucha armada, sino también la postura de que algunos curas pensaban que una cosa era ser pastor y otra la militancia política propiamente dicha. En ese contexto estaban los ejemplos de Camilo Torres y aquello de que la máxima expresión del amor era dar la vida por los demás, al tiempo que se hablaba de la violencia de los de arriba. En el libro está este debate es muy rico. Lo que debe en claro es que aquellos curas hablaban de acompañar al pueblo en sus procesos y no de tomar las armas como punto de partida, pero si la gente en su lucha por defender sus derechos y por liberarse, elegía ese camino, los curas lo debían acompañar, si perjuicio de lo cual algunos tomaron directamente las armas. El ejemplo más claro quizás sea el del cura Carlos Mujica con los Montoneros, dado que aparece muy vinculado a uno de los grupos originales de esa organización.
-¿Cuál fue la suerte de los religiosos elegidos para este libro?
-De las diez historias elegidas, ocho abandonaron la institución iglesia y dos siguen siendo curas.
-¿Cómo se opera ese compromiso de estos sacerdotes, en el campo de lo político social, en tiempos tan violentos del país?
-Haciendo historia nos encontramos con una iglesia institucional en consonancia con el primer peronismo, después llegan los enfrentamientos de mediados de los 50 en la que quedan sumergidos la mayoría de los curas y la mayoría se hacen furiosamente antiperonistas. Vale ejemplo del cura Miguel Mascialino, quien perteneció a una parroquia que en el 55 había sido incendiada por los peronistas, pero tres meses después tras el triunfo de la Revolución Libertadora ve pasar a la gente festejando la caída de Perón, allí observa que toda la gente pasaba era rica, advierte una ausencia total de pueblo; esa imagen es muy fuerte y la vislumbre en los testimonios de otros curas. De esa manera los curas comenzaría a reinterpretar el enfrentamiento de la iglesia con el peronismo como una cuestión más de clases sociales que otra cosa, en la que la jerarquía tomó partido por la clase dominante con la cual mejor se sentía o que la sostenía, y ahí comienza una reinterpretación que en medio del clima de movilización de los 60 y 70 se hace contundente. Mujica hacía hincapié en lo que era la iglesia original de Cristo, que se movía entre los pobres, a tal punto que incomodó al poder que lo condenó a muerte. Así extraían la enseñanza del Evangelio por la cual un verdadero cristiano debía comprometerse con los desposeídos. Si en la Argentina los pobres eran peronistas, había que acompañarlos en esa elección.
-¿Por qué se eligió ese título para este libro?
-Creo que grafica muy bien en dos palabras lo que movilizó a muchos cristianos de aquella época. Entiendo que todos coincidimos que fue revolucionario, pero estos curas lo veían además como un revolucionario político y social.
-¿Cuál es la dimensión de la crítica hacia la iglesia en este trabajo?
-Muchas de las historias no dejan bien parada a la iglesia. Sin embargo cuido mucho de no adjetivar, esto es parte de mi estilo. No se encontrarán críticas acérrimas, pero sí aparecen actitudes en particular de algunos obispos, sobre todo en medio del proceso que son de público conocimiento, y que son una crítica en si mismas.
-¿Por qué incomoda tanto a algunos historiadores tocar el tema Montoneros?
-No se trata sólo de una cuestión ideológica. Montoneros desde sus orígenes y sobre todo con el "Aramburazo" cortó una dinámica política y fue un disparador de algo que se venía gestando desde mucho antes, colocando al ejército y a las clases dominantes a la defensiva. Esto asustó. Obviamente los Montoneros fueron los que mayor éxito visible tuvieron en el campo revolucionario. Creo que esto debe haber asustado bastante y si analizamos la respuesta del Proceso, brutal, sanguinaria, debe tener mucho que ver con algo meditado y racional, pero también con una situación de frío y de temor porque en algún momento con la plaza llena y los estandartes de la organización se debe haber generado un escalofrío en más de uno.
-¿Por qué no fue posible la revolución en la Argentina?
-En una respuesta sobre mil, veo en el país de hoy una sociedad bastante exististe y cortoplacista, sobre todo en la clase media. Siempre nos faltó una visión de mediano y largo plazo; así un día eran todos antiperonistas, otro peronistas de nuevo y después montoneros y todos antiproceso a muerte, pero antes fueron videlistas. El termino medio tribunero de exististe me parece una respuesta posible.