9 de agosto de 2008

"Tenemos resabios del siglo XIX"


"Parece que no se hubiera sabido despertar entre la juventud el gusto por la historia", dijo Raúl Lima, historiador y magistrado del foro local en una entrevista que concedió a esta publicación. En dos horas de charla que mantuvo con enviados de esta revista sostuvo que le sorprendió que en conversaciones con estudiantes de colegios secundarios, "si se les plantea la historia desde otra perspectiva, se interesan enseguida, como el anecdotario histórico". Por otra parte señaló que los alumnos "son reacios a estudiar esa historia aburrida como se la presentan, llena de fechas y números difíciles de recordar". Los caudillos santiagueños, la fundación de Santiago son otros de los temas que abordó.

Una larga entrevista que concedió a esta revista, sirvió para que Raúl Lima, entregara algunos conceptos acerca de la historia argentina y santiagueña y, sobre todo su enseñanza en las aulas de la provincia. Viejos problemas de la educación son tratados por este escritor, que además es abogado profesor de derecho y miembro del foro local, con una mirada nueva, con la visión que da una amplísima cultura.
Entre otras cosas dijo que en Santiago parece que no se hubiera sabido despertar entre la juventud el gusto por la historia. "Me ha sorprendido en algunas entrevistas que he tenido con estudiantes de colegios secundarios, que si se les plantea la historia desde otra perspectiva, se interesan enseguida, como el anecdotario histórico", dijo. Por otra parte sostuvo que los alumnos "son reacios a estudiar esa historia aburrida como se la presentan, llena de fechas y números difíciles de recordar". Por eso sostuvo: "Una manera de entrar en la juventud es a través de ese tipo de cosas que les interesan. Lo veo con mi libro Ciudad con duende, que muchas veces vienen a pedirme, para fotocopiar un cuento que les han pedido en la escuela u otros trabajos. Esa visión de la historia, un poco más amena, en forma narrativa se presta a que no la vean como algo árido, que les produce rechazo".
-¿Qué otro material hay para incentivar el gusto por estudiar la historia de Santiago del Estero?
-Pienso que hay dos obras insoslayables si hablamos de historia de la provincia, que son las de Luis Alén Lascano y de José Néstor Achával. También hay una historia más resumida, para colegios secundarios, de Mercedes Tenti de Laitán. Están los trabajos de Amalia Gramajo y tantos otros. Para mí, una obra interesantísima, que estamos procurando que se reimprima, es la revista del Archivo de la provincia, que dirigió Andrés Figueroa, desde que se hizo cargo de la dirección hasta su muerte. Incluso hay un número póstumo y último en el que figuran los discursos fúnebres. Esa revista es invalorable, sobre todo porque trae la reproducción de documentos que ya no existen porque se han destruido, se han perdido, se han sustraído. De esta manera los podríamos volver a encontrar en esa publicación, lamentablemente hoy día totalmente agotada.
-¿Qué causa reconoce para que exista tanto desinterés por la historia?
-Creo que todo proviene de las aulas. Si no se sabe despertar el interés en las aulas, difícilmente se lo encuentre cuando uno empieza una vida laboral, que le va impedir la lectura, por cuestiones de tiempo. Donde hay que despertar el interés es en las aulas.
-Durante la colonia el centro de la vida de la ciudad era el cabildo, que viene de cabdillo, caudillo. En Santiago siempre hemos tenido caudillos, primero ha sido Juan Felipe Ibarra, después los Taboada, después una serie de pequeños jefes y luego Carlos Juárez. Pareciera que Santiago está buscando un caudillo salvador. ¿Es así?
-Creo que es así, pero no es así solamente en Santiago, sino en todos los pueblos del norte. Tenemos un resabio, proveniente del siglo XIX, del que Arturo Jauretche decía que era el sindicato del gaucho y Mariano Paz tiene un estudio que no ha plasmado en un ensayo. Estudiando la institución del caudillo, pienso que el paisano buscaba en él un interlocutor válido, es decir era el que podía llevar su inquietud y su necesidad al centro donde se tomaban las decisiones, ya fuera la ciudad de Santiago o Buenos Aires. Así funcionaba el sistema desde el pequeño caudillo local, al que hoy llamarían puntero político hasta los grandes caudillos al estilo de Ibarra, figura polémica si las hay. Me hace un poco de gracia que presida la Legislatura de la provincia el gran retrato de quien, más allá de sus virtudes y sus defectos, la clausuró. Es una paradoja que presida el recinto de la Legislatura. Con esto no me quiero presentar como anti ibarrista. Creo que es una figura no enteramente negativa ni positiva, sino que tuvo sus claroscuros como todas las figuras históricas. De todas maneras me hace gracia esa paradoja, ese contrasentido.
-Enterado de que Juan Lavalle está viniendo a Santiago, Ibarra se va al monte. Por suerte Lavalle se desvía a Frías y de ahí a Catamarca. Pero Ibarra ya había huído. ¿Eso desmostraría cierta cobardía del caudillo? Por otro lado los Taboada, siempre agachando la cabeza, siempre serviles. Y los demás. ¿Han sido caudillos de segunda los de Santiago?
-A Ibarra no se lo puede considerar un caudillo de segunda. Sí fue una figura que no tuvo un papel más preponderante por la pobreza de la provincia que representaba. No podemos negar que fue la gran figura que mantuvo como una ínsula a Santiago del Estero, cuando la Liga Unitaria tenía en sus manos nueve de las catorce provincias. De manera que fue un caudillo con mayúsculas. No creo que esa táctica que tenía Ibarra de abandonar la ciudad y refugiarse en el monte y volver a recuperar el poder, que la aplicó varias veces en nuestra historia provincial, fuera cobardía, sino que respondía a una táctica guerrera.
-¿Y los de después?
-Bueno, hay uno de ellos, demasiado reciente, que por mi papel de magistrado no quiero tocar porque ya sería incursionar en política, algo que no puedo hacer. Pero de los Taboada podemos decir que fue una familia acomodaticia, evidentemente muy polémica por cierto, que no fueron fieles a un ideario. Antonino Taboada empezó como unitario, después fue mitrista, se salvó de ser fusilado en Santos Lugares por el parentesco con Ibarra y la amistad epistolar entre Ibarra y Juan Manuel de Rosas. Fue una familia muy discutida que tuvo un papel preponderante en la historia santiagueña, desde Antonino que fue el guerrero, Manuel el político, Gaspar el financista y Felipe, una figura del arte y la pintura.
-Volviendo un poco para atrás, hasta hace unos años se podía discutir sobre cuándo había sido la fundación de Santiago, pero ahora ya se fijado, ya es indiscutible...
-Sí, el 29 de junio se fundó la ciudad del Barco I, lo cual se sabe ahora con certeza merced al descubrimiento de Gastón Doucet en el Archivo Nacional de Bolivia, en Sucre. Buscando otras cosas, descubre una acta en la que había refundidas, actas anteriores, a lo mejor por la escasez de papel, especialmente aquí, un lugar periférico, en la que no habría sido muy común. Gracias a este descubrimiento, que Luis Alén Lascano alcanza a dar como primicia en su historia de Santiago del Estero, de 1981, ya se sabe que El Barco I, que se suponía fundada por esa época tiene fecha, el 29 de junio de 1550. Después es trasladada a Salta, cerca de San Carlos, con el nombre de ciudad del Barco en el Nuevo Maestrazgo de Santiago, con lo que la palabra Santiago ya está en el segundo asentamiento. Y luego es trasladada al llano de los Juríes, a lo que hoy vendría a ser el barrio La Católica, también con el nombre de Santiago del Nuevo Maestrazgo. Ahora se sabe, que el 25 de julio de 1553, la traslada con el nombre de Santiago del Estero. Hay una nueva dependencia, un nuevo cabildo. Ya no hay más que descubrir. Los que podríamos llamar partidarios de Aguirre, vivían esperando que apareciera el acta de fundación, ya se sabe que esa acta de fundación no va a aparecer porque no existe. El libro capitular era la continuación del que se inició el 29 de junio de 1550, cerca de Monteros, en la actual provincia de Tucumán, donde después se fundaría Cañete y donde estuvo el viejo San Miguel de Tucumán, fundado por Diego de Villarroel en 1565. Ya no hay más que descubrir en este aspecto, por lo menos algo importante. Sí podemos seguir en una discusión bizantina o semántica, es si fue
fundación o no lo de Aguirre. Hechos nuevos no se van a descubrir, por lo menos de importancia.
-Los 300 años no se han festejado, lo mismo que los 350. Sí se comienza a celebrar la efeméride a partir de los 400 años, después, los 450 y desde entonces cada vez se festeja con más fasto. Pero se recuerda a 1553, ¿esto quiere decir que las autoridades siguen equivocadas, que habría que cambiar la fecha? ¿Habría que cambiar el nombre del monumento y atribuirlo a Juan Nuñez de Prado?
-Bueno, el monumento es a la conquista, no es a Francisco de Aguirre y es demasiado importante como para que lo querramos suplantar. Desde alguna página periodística, he propiciado para que se lo erija donde -para mí- alguna vez estuvo El Barco en su tercer asentamiento, en el barrio La Católica, con un monolito a Núñez de Prado. Ahora, qué suerte va a sufrir ese monolito, no sé. Me refiero, no al barrio en sí, sino a lo que está pasando en todo el país, con los bienes de algún valor que no están custodiados. También me parecería muy bien –y esto también lo he propiciado desde algunas notas periodísticas- es que las calles del barrio La Católica se las llame con los nombres del primer cabildo de la Ciudad del Barco. Pienso que esa iniciativa sería interesante y que un momento ideal para plasmarla, sería ahora, para los festejos. Volviendo a los recordatorios, también me parece un contrasentido, una paradoja (soy socio del Instituto Numismático de San Nicolás de los Arroyos), que esa ciudad haya sacado una medalla en conmemoración de los 450 años de la fundación de Santiago del Estero y que Santiago no haya sacado nada. A pesar de que estos fastos han adquirido una nueva tónica, no se hizo algo que quede como recordación, algo que hizo otra ciudad.
-¿No nos vuelve esto al principio de la conversación?
-La fiesta pasa, lo que queda es una medalla, un libro. En 1953 hubo por política, porque venía el presidente, un dictamen de la Junta provincial de historia de Santiago del Estero, avalado después por la Junta Nacional de la historia, que la fecha de la fundación fuese el 25 de julio de 1553. Pero la fundación fue el 29 de junio de 1550, cuando nace esta ciudad, no importa en qué ubicación estaba. Santa Fe se trasladó, Córdoba de la Nueva Andalucía se trasladó también, lo mismo que Tucumán. De manera que no sería óbice para festejar en esa fecha. Pero Tucumán pasaría a tener la ciudad más antigua, algo que no nos conviene. Además el monumento es muy lindo y muy grande.
-De todas maneras, tengo la impresión de que para la sociedad, estas cuestiones son muy lejanas.
-A la filatelia, la numismática, la genealogía, la heráldica ya no se las considera ciencias auxiliares sino conexas con la historia, porque todo está relacionado. Pero veo que hay un gran interés por la marcha de los bombos, pero no hay un gran interés en saber cómo fueron las cosas. Cuando se quejan porque hay una discusión bizantina, yo siempre digo que ojalá hubiera más de esas discusiones. Lo que hay es un gran desinterés. Pero ya me extraña nada, hace unos años me invitaron al profesorado de letras de Santiago y yo veía un desinterés total de los alumnos por la carrera que han elegido, la que será su modo de vida en su siguiente medio siglo, su ambiente laboral y de estudios. Sin embargo se notaba una apatía que llevaba a pensar para qué han elegido esta carrera.
-También puede haber influido para esto, una cierta forma de estudiar la historia. En la primaria se enseña que Colón descubrió la Tierra era redonda. Pero a los 14, 15 ó 20 años se entera de que catorce siglos antes no solamente ya se sabía eso sino que además Eratóstenes la había medido con notable precisión. Cualquiera pensaría que si le han mentido en eso, no vale la pena ponerse a pensar quién tiene la razón. Lo mismo pasa en Santiago, cuando las maestras preguntan qué dijo el Cabildo cuando se enteró de la Revolución de 1810. Las maestras comienzan a querer explicarlo y no dijo nada, simplemente porque no había cabildo en Santiago en ese entonces...
- ...o la deformación de la palabra cabildo, se le dice así a la jefatura de policía, que fue casa de gobierno. El Cabildo estaba en la esquina de Tucumán y Libertad...
-...que después fue casa de los Alén...
-... estuvo después. La casa capitular llegaba por la Tucumán hasta lo que ahora es radio policial, donde había una pequeña laguna, y el frente estaba sobre la plaza. De manera que desde el nombre ya estamos partiendo desde una base falsa, porque, lo que se llama cabildo nunca lo fue.
-De todas maneras se cree que el cabildo es una forma de construcción y es una institución.
-Claro, la institución más importante, ya que desde allí se administraba justicia. Hemos heredado los cabildos españoles, con todo lo que eso significaba y esos antiguos cabildos fueron los que delimitaron las actuales provincias. Porque, ¿cual era el límite con Córdoba? Hasta donde llegaba la influencia del cabildo. En base a esas divisiones se fue armando el actual mapa argentino.
-En la escuela argentina se maneja el concepto de cabildo como edificio. Es más, toda la didáctica sobre el cabildo está armada sobre ese molde. Como institución recién se lo estudia en la universidad, en el terciario. Esto se hereda y se mantiene, a pesar de que en el secundario los chicos ya están preparados para saber de qué se trata cuando se habla del cabildo o de otras instituciones del pasado.
-A mí me ha tocado. Yo soy profesor de varias materias de primer año, en la Universidad Nacional. En exámenes de derecho constitucional o derecho civil, los alumnos no saben mencionar el 25 de Mayo de 1810. Si la época patria del derecho comienza con la independencia, a mí me daba lo mismo que me dijeran el 25 de mayo o el 9 de julio de 1816, porque hablar de la máscara fernandiana y otras cuestiones así, sería pedir peras al olmo. Pero cómo puede ser que no puedan decir ninguna de las dos fechas. Ni siquiera por aproximación. A veces quiero preguntarles si no les tocó ir a una fiestita escolar, vender empanadas disfrazado de negrito farolero. Al final, después de mucho preguntar, un alumno me dio una fecha: 1871. He visto, porque tengo hijos que hasta no hace mucho iban al secundario, cómo estudiaban la época de Rosas con líneas de tiempo. Sin embargo, cuando les pregunto en el examen para llegar a la Constitución de 1853, qué acontecimiento importante ocurrió antes. Lo único que pretendo es que me nombren a Rosas y la batalla de Caseros, no aspiro a más. Y no lo logro. ¿En qué momento los alumnos pierden ese conocimiento excesivamente detallado que les han administrado en el secundario, porque en primer año de la facultad ya no tienen la menor idea? Algo pasa ahí, que no sé qué es.
Yo creo que les exigen demasiado, eso produce un rechazo y después no saben lo más elemental. Parece un chiste, pero me ha ocurrido que los alumnos no sepan nombrar fechas tan básicas como el 25 de mayo o el 9 de julio. Creo que la única manera de vencer ese rechazo es administrar los conocimientos de una forma amena, de una manera entretenida, que piensen que no están estudiando. En el orden nacional, algo que está contribuyendo a que los alumnos no tengan idea de historia, es esta cuestión de los fines de semana largos. Ahora los alumnos no saben por qué no van a clases, no tienen idea. El feriado es tres días antes o tres después.

Un giro en la narrativa santiagueña
"Para mí hay un libro importante, que marcó un hito en la literatura santiagueña, que es "Cuentos de la ciudad vieja", una antología a cargo de Alberto Tasso. Porque como dice José Andrés Rivas en el prólogo. En ese libro se vuelca la narrativa santiagueña hacia la ciudad, se hace urbana. Hasta ese libro todo era mirar al campo, lo que me parece perfecto, pero no había una antología urbana de Santiago. A partir de esa antología se produce un giro y la narrativa santiagueña se hace urbana, lo cual no quiere decir que la mejore, pero hay una óptica distinta. En "Ciudad con duende", he pretendido, salvando las distancias en más de un sentido, hacer algo parecido a "Misteriosa Buenos Aires", de Manuel Mujica Láinez, que toma como pie forzado la ciudad de Buenos Aires y escribe unos cuentos técnicamente perfectos y muy hermosos. Yo con Santiago he pretendido hacer algo similar con dieciséis cuentos que empiezan en 1555 hasta el año 2000 y el pie forzado es Santiago del Estero."