9 de agosto de 2008

Holanda y Santiago


Algunos intelectuales de Europa -según algunas noticias que nos llegan por internet- a veces discuten asuntos interesantes. En uno de los más importantes foros de discusión de España, se debatió sobre la importancia del doblaje o de los subtítulos en las películas que pasan por la televisión, para aprender una lengua extranjera.
Por caso, en Holanda se emiten todas las series, películas y talk-shows en el lenguaje original. Los niños holandeses se familiarizan desde muy jóvenes con el inglés, si bien las series infantiles se doblan hasta que los niños están en edad de leer.
Cualquier holandés, con estudios o no, es capaz de preguntar en inglés dónde esta la playa y cuándo es happy hour. El que los holandeses sean capaces de manejarse en inglés se debe más a la oferta televisiva y cinematográfica que al sistema educativo. Por ello algunos sostienen que emitir en versión original puede aumentar significativamente el entendimiento del inglés de la gente.
Obviamente se reconoce a la par, que la televisión es solo uno de los factores para introducir un idioma.
Además habría otros reparos, pues no se aprenden idiomas a través de la televisión: se aprende inglés. En Holanda se reciben las televisiones alemana, belga e inglesa. La programación norteamericana e inglesa domina con mucho en popularidad. La cultura popular, la cultura juvenil, es en inglés.
Por otra parte los subtítulos se alejan mucho más del texto original que el doblaje. El ojo humano solo puede leer ocho palabras en los segundos que dura un plano. Los subtítulos solo resumen la lengua hablada. Se pierde mucho en la traducción y se cometen errores de bulto, algo que no se da tanto en los doblajes.
Los holandeses hablan inglés gracias a la televisión pero hay pocos holandeses que lo hablen realmente bien. Si no hay un sistema educativo y una voluntad de aprender bien el idioma, el conocimiento de la lengua se limita a unas cuantas palabrotas y frases hechas sacadas de las comedias y las series americanas. Es embarazoso oír a los holandeses soltar reniego en inglés durante una presentación o un discurso en una boda porque no son capaces de hablar el inglés formal.
Cómico, pero embarazoso.
La cultura popular norteamericana entra irrevocablemente en la cultura del país con subtítulos. En Holanda se emiten talk-shows norteamericanos. Se conocen los mismos presentadores e invitados que ven los Estados Unidos. Se venden los mismos libros, se habla de la misma forma y se hacen los mismos gestos.
Emitir en versión original aporta al aprendizaje de otra lengua, pero hay también cierto acuerdo en que, con una medida aislada no se soluciona el problema.
Por supuesto que hay otros dramas educativos en Europa, como la falta de integración de los jóvenes musulmanes a la cultura francesa, por nombrar solamente uno de los más. Pero también habría que reconocer que discuten asuntos que aquí sería impensable siquiera poner en el tapete de los temas de interés, dados los ya tradicionales vacíos y ausencias de la educación argentina.
Por otra parte, meterse con los programas que nos regala la televisión nacional por aire es un intento vano. Dicen quienes han visto algunos programas, que la procacidad no es solamente un detalle de lo que se está viendo, sino su misma esencia. Más allá de señalar a los responsables de emitir esas imágenes al aire, ninguna liga de padres de familia o al menos de esa categoría en la que nos quieren convertir, la de consumidores, ha intentado frenar ese flagelo de la televisión. No se ve ninguna voz que se alce para elevar la discusión hacia temas más auspiciosos.
No se trata aquí de hacer una apología del idioma de los santiagueños, aunque como revista de cultura, bien se merecería un párrafo en estas páginas. Aquí no es solamente la cultura norteamericana la que penetra todos los días en los hogares, en cierta manera degradando costumbres que en cada casa había desde antaño, sino también la cultura porteña, algunas maneras y palabras que le son propias a la gran ciudad y que aquí dejan de ser extrañas en cuanto se las pronuncia dos veces por la televisión.
Son algunos debates, entre otros, que nos estamos debiendo.