4 de agosto de 2008

Profesionales o amateurs


Juan Manuel Aragón


Un breve repaso por la producción de los escritores santiagueños, llevará a la conclusión de que esta actividad está en plena ebullición en la provincia. Algunos han trascendido y trascienden las fronteras provinciales y nacionales, dando a conocer la realidad de una provincia siempre cambiante.

El problema con los escritores de provincia es que escriben como profesionales y cobran como amateurs, salvo que alguno pegue el golpe en algún concurso que ofrezca algo más que publicar la obra. Así, la mayoría se defiende con la cátedra, el periodismo u otros oficios. Entre los precursores habría que nombrar a Pablo Lascano, Ricardo Rojas, Orestes Di Lullo, Jorge Wáshington Ábalos, Clementina Rosa Quenel, Carlos Bernabé Gómez, Bernardo Canal Feijóo, María Adela Agudo, Dalmiro Coronel Lugones, Alfredo Gargaro, Francisco René Santucho, Horacio Germinal Rava, Octavio Corvalán, Domingo Bravo, Ricardo Dino Taralli, Marcos Figueroa, Petrona Carrizo de Gandulfo, José Nestor Achával, Durval Abdala, Carlos Manuel Fernández Loza, Alberto Alba, Pablo Raúl Trullenque, Carlos Carabajal.
En estos días, Alfonso Nassif ha terminado una antología de los poetas del norte. Es una obra monumental que solamente él podía hacer, fundado en su fabulosa biblioteca, una memoria asombrosa y el conocimiento personal que tiene de muchos de los escritores de estas, las primeras ciudades de la Argentina. Él mismo es uno de los únicos grandes poetas que les va quedando a los santiagueños de la generación de 1969. No muy lejos de donde Nassif se desvela desechando poemas, vive Alberto Tasso, bonaerense de Ameghino, que elabora una de las obras más originales de los santiagueños. Tasso es sociólogo, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas, historiador, dibujante, ilustrador, pintor, cuentista, poeta, ensayista. Al decir de Raúl Lima es un hombre del medioevo, por la calidad, profusión y diversidad de su obra. Cerca de Tasso, porque Santiago es chico y nos conocemos demasiado, su amigo Carlos Virgilio Zurita también es un cuentista formidable y uno de los poetas mayores de los que se enorgullece esta provincia algo más que cuatro veces y media centenaria. El mismo Lima, ha sido galardonado en cuanto concurso de cuentos se presentó, con una prosa que no tiene nada que envidiar a los grandes escritores de la Argentina. En estos momentos, dice, escribe una novela en los ratos libres que le deja su profesión de abogado como magistrado del foro judicial local. José Andrés Rivas es académico de las letras, por ahora el único de Santiago, con ensayos sobre los escritores locales que han trascendido las fronteras de la provincia. Mientras, en su casa del barrio Autonomía, Julio Carreras, va destejiendo el tiempo en cuentos fantásticos y realistas, ensayando todos los tipos de prosa y verso posible. Julio fue uno de los creadores de la revista cultural "Quipu", que marcó una época en tiempos -fines de la década del 80, principios de la del 90- en los que decir algo valioso en Santiago estaba penado con la indiferencia o, en el mejor de los casos, el olvido. Además ha escrito la historia del rock en Santiago y relató y relata en libros impresos y en la internet, alguna de sus historias como preso político de la última dictadura militar. Melcy Ocampo, aunque hace tiempo que no se la ve en los foros y cenáculos literarios, es una indiscutida referente santiagueña, con una poesía siempre original y auténtica.
En una crónica escrita de memoria y sobre los escritores que aún se pasean por las calles de Santiago, es obligatorio mencionar también a Felipe Rojas, que ha recorrido todos los caminos de la poesía, desde la más culta a la de guaracha, pasando por la de vanguardia y las glosas para festivales folklóricos, que uno de estos días serán inscriptas como otro género literario. Jorge Rosenberg acostó su verso y lo hizo prosa. Más que poeta es conocido por las misceláneas que todos los domingos publica en el suplemento de cultura del Nuevo Diario y que reviven en los santiagueños viejos, la gloriosa década del 60 y principios del 70, su idioma y el aire que se respiraba en aquel tiempo. Para muchos, Rosenberg escribe para atrás. Lisandro Amarilla también escribe cuentos y novelas, algunas de las cuales se publicaron con gran éxito y en formato de folletín en el diario El Liberal.
Vicente Oddo también hizo un aporte original a la historia y a la historia de la medicina de Santiago del Estero, basándose en escritos antiguos.Mario Angel Basualdo tiene una obra de geografía que no ha sido lo suficientemente reconocida hasta el momento. Entre los poetas, cabe destacar también como uno de los más originales a Sixto Palavecino, autor de una obra en quichua que trasciende el ámbito provincial y lo ha convertido a él mismo en un símbolo nacional de la supervivencia de lo local. El reconocido Luis Celestino Alén Lascano, académico de la historia, reclama un lugar propio en la historiografía local. Otros escritores vienen empujando por detrás, como Ricardo Aznárez, cuentista, Omar Alvarado, cuentista y ensayista, Fabrián Sánchez, sociólogo, cuentista y ensayista de fuste y Gustavo Fernán Carreras, Alejandro Auat, Rody Beltrán, Constanza Taboada, el mismo subsecretario de Cultura de la provincia, Rodolfo Legname, la quichuista Hilda Juárez de Paz, Ana Teresa Martínez, Teodoro Mansilla (Shu), Luis Taboada.
Ese es el drama de las listas, que nunca son completas, siempre quedará algún nombre escondido detrás del teclado de la computadora. Esta que presentamos aquí, podría ser indicativa de que algo está pasando en la provincia, las letras se mueven, bailan al compás de una chacarera que, si Dios quiere, no tendrá nunca un final.